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Concurso preventivo: pedir ayuda no es un fracaso: es tomar el control

  • estudioomarlares
  • 20 abr
  • 4 Min. de lectura

Por Omar Lares*


A lo largo de mi experiencia como síndico concursal y asesor de empresas, fui observando que los procesos de crisis no suelen aparecer de un día para el otro. En la mayoría de los casos, existen señales previas que, si se detectan a tiempo, permiten tomar decisiones y evitar que la situación se agrave. El problema es que muchas de esas señales son silenciosas o se subestiman hasta que el desorden ya es evidente.


Las primeras señales: cuando el desorden todavía no se ve, pero ya está

Las primeras señales suelen ser silenciosas: pérdida de control sobre los números, falta de claridad en el flujo de fondos y decisiones que se toman sin información precisa. Después aparecen indicadores más concretos:

  • Atraso en pagos

  • Uso creciente de financiamiento para cubrir gastos corrientes

  • Sensación general de desorden


Cuando el negocio pierde previsibilidad

Muchas veces aparece una frase que resume bien ese momento: “no sé si mi empresa llegará a fin de año”. Esa frase refleja que el negocio ya perdió previsibilidad. Por lo general hay:

  • Caída en la rentabilidad

  • Aumento de costos

  • Endeudamiento que empieza a desbordar la capacidad de pago


Pero lo más preocupante es que el empresario ya no puede proyectar. Cuando se pierde la capacidad de anticipar, el riesgo crece mucho. Y es muy posible que ya haya entrado en cesación de pagos.


El “termómetro” del mes: una forma simple de leer la salud del negocio

Existe una referencia muy utilizada por muchos comerciantes para leer la salud del negocio: dividir el mes en semanas. Es un método muy práctico:

  • Primera semana: impuestos

  • Segunda semana: sueldos

  • Tercera semana: proveedores

  • Cuarta semana: margen de utilidad 

Cuando ese esquema empieza a romperse, es una señal clara de que el flujo no alcanza.


Errores frecuentes cuando aparecen los primeros problemas

Cuando una empresa empieza a tener dificultades para pagar sueldos, alquiler o proveedores, el error más común es actuar en forma reactiva y no estructural.

Se intenta apagar incendios:

  • Refinanciar

  • Patear pagos

  • Cubrir baches con más deuda

Pero sin revisar el modelo del negocio. Eso posterga el problema, pero no lo soluciona. Ya está, hace tiempo, en cesación de pagos.


La ilusión de continuidad: cuando refinanciar empeora el problema

Muchas veces los empresarios siguen refinanciando deudas o pagando solo una parte de sus compromisos. Eso genera una ilusión de continuidad.

En realidad:

  • La deuda sigue creciendo

  • El negocio pierde capacidad de recuperación

  • Se necesita cada vez más esfuerzo para sostener lo mismo

Es un desgaste progresivo.


Concursos preventivo: el prejuicio que impide actuar a tiempo

Cuando se menciona la frase concurso preventivo, muchas personas reaccionan con miedo. Esto ocurre porque se las asocia directamente con el fracaso. Pero en realidad, el concurso preventivo es una herramienta legal para ordenar una situación y proteger la continuidad del negocio. El problema es cultural: se llega tarde y se lo ve como último recurso.

En términos simples, es un proceso judicial que permite reorganizar las deudas bajo supervisión legal, suspendiendo ejecuciones y estableciendo un marco ordenado de negociación con los acreedores. Es útil cuando la empresa todavía es viable, pero necesita reestructurar su pasivo.


El punto de inflexión: cuando la deuda deja de crecer

Uno de los aspectos más importantes es que, cuando una empresa entra en concurso, la deuda deja de crecer.

Se suspenden los intereses, las ejecuciones y las presiones externas.

Eso permite que el empresario vuelva a enfocarse en el negocio y no solo en la urgencia. Es un cambio de lógica: de supervivencia a reorganización.


El factor tiempo: la diferencia entre continuar o no

En mi experiencia como síndico concursal, la diferencia entre una empresa que decide reorganizarse a tiempo y otra que espera hasta que la situación es crítica es enorme. Las que actúan a tiempo tienen margen para negociar, reorganizar y continuar. Las que llegan tarde, muchas veces ya no tienen estructura ni flujo para sostenerse.

El tiempo es un factor determinante.


A lo largo de mi carrera acompañé a muchas empresas en procesos de reorganización. En varios casos, el ordenamiento temprano permitió que la empresa continúe operando, preserve su estructura y mantenga puestos de trabajo. El punto clave fue haber tomado decisiones antes de que la situación fuera irreversible.


La mirada del síndico: entender cómo terminan los procesos

Mi trayectoria como síndico concursal me da una visión muy concreta de cómo terminan los procesos cuando no se actúa a tiempo. Eso permite anticipar escenarios y trabajar con mayor precisión en la etapa preventiva, que es donde realmente se puede generar impacto.

Cuando analizo una empresa con dificultades, observo principalmente: flujo de fondos, estructura de costos y nivel de endeudamiento. Pero también evalúo la capacidad de gestión del empresario y si existe margen para tomar decisiones.


Pedir ayuda no es un fracaso: es tomar control

Muchos empresarios sienten que pedir ayuda en este momento es admitir un fracaso. En realidad, es exactamente lo contrario. Pedir ayuda es tomar control. El verdadero problema es no actuar. Buscar asesoramiento a tiempo es una decisión estratégica, no una señal de debilidad.


El primer paso: ordenar la información

Si una empresa está empezando a perder equilibrio financiero, el primer paso es ordenar la información: ingresos, egresos, deudas y compromisos.

A partir de ahí, evaluar escenarios y definir una estrategia. Sin información clara, no hay decisiones correctas.

Para quienes hoy están atravesando una situación difícil con su empresa, es importante entender que no están solos y que existen herramientas legales y financieras para reorganizar la situación.

Lo importante es actuar a tiempo. Cuanto antes se analiza el problema, más alternativas hay.

Si tu empresa está atravesando una situación de desorden financiero o querés analizar alternativas para reorganizarla a tiempo, podés coordinar una entrevista en Estudio Omar Lares. Un análisis profesional permite ordenar la información, evaluar escenarios y tomar decisiones con mayor claridad.


  • Omar Lares

Contador Público por la Universidad Nacional de Lomas de ZamoraEspecialista en Sindicatura Concursal por la Universidad Notarial ArgentinaMaster en Insolvencia Empresaria en la Universidad de MorónMaster en Dirección de Empresas Constructoras e Inmobiliarias (MDI) en la Universidad Politécnica de Madrid



Reservar una asesoría personalizada: infoestudioomarlares@gmail.com



 
 
 

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