Jugar con la memoria, la experiencia y la inteligencia
- estudioomarlares
- hace 2 horas
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Hubo un momento en el que todos nos preguntƔbamos hasta cuƔndo iba a jugar Lionel Messi.
Hoy esa pregunta perdió sentido.
Porque con Messi ya no contamos los aƱos. Contamos los milagros.
Con 39 aƱos, cuando el fĆŗtbol suele empezar a despedir a sus leyendas, Ć©l sigue escribiendo capĆtulos que parecen imposibles.
Contra Inglaterra volvió a demostrarlo.
Primero, con esa pausa que solo tienen los elegidos. Esa capacidad de detener el tiempo unos segundos, esperar el movimiento justo de Enzo FernƔndez y darle el pase exacto para que Argentina encontrara el empate. Mientras todos jugaban apurados, Ʃl jugaba pensando.
Y cuando el partido se morĆa, cuando el reloj marcaba los 90 minutos y las piernas ya no deberĆan responder igual, apareció otra vez. Una aceleración. Una gambeta que dejó a dos ingleses sin respuesta. Un centro preciso. Lautaro MartĆnez hizo el resto. Gol. Final.
Otra vez Messi.
Pep Guardiola dijo alguna vez que la edad derrota a todos, pero que, de alguna manera, se niega a vencer a Lionel Messi.
Tal vez tenga razón.
Porque hace tiempo dejó de jugar solo con las piernas. Hoy juega con la experiencia, con la inteligencia, con la pausa, con esa capacidad única de ver el partido diez segundos antes que el resto.
El domingo Argentina jugarƔ una nueva final frente a EspaƱa.
Y mientras algunos ya se animan a imaginar a Leo llegando al Mundial de 2030, yo ya no me animo a ponerle un lĆmite. Ćl mismo se encargó de enseƱarnos que los lĆmites estĆ”n para ser desafiados.Ā
Pero quizĆ” el mayor legado de Messi no sean los tĆtulos, ni los goles, ni los rĆ©cords. QuizĆ” sea otro. Demostrarnos que el talento, por extraordinario que sea, nunca alcanza por sĆ solo. Que detrĆ”s de cada noche inolvidable hay aƱos de disciplina, de esfuerzo silencioso, de humildad para seguir aprendiendo y de una obsesión inquebrantable por mejorar.
En un tiempo donde muchos buscan excusas para abandonar sus sueƱos, Messi sigue encontrando razones para perseguirlos.
Y esa, para mĆ, es su mayor victoria.
AlgĆŗn dĆa nuestros hijos y nuestros nietos nos preguntarĆ”n cómo era verlo jugar. Entonces sonreiremos, y les diremos la verdad: Que tuvimos el privilegio de ver al mejor futbolista de todos los tiempos desafiar al tiempo mismo⦠y ganar, una vez mĆ”s.
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La historia conserva fechas, nombres y documentos. La literatura, en cambio, conserva preguntas.
La primera intenta explicar lo que ocurrió. La segunda se atreve a imaginar lo que sintieron quienes lo vivieron.
Por eso no compiten: se necesitan.
La historia reconstruye los hechos. La literatura ilumina sus sombras.
Y es en esas sombras donde, muchas veces, aparecen las verdades mƔs profundas.
La historia nos dice qué pasó.
La literatura nos invita a preguntarnos por qué pasó y qué dejó en quienes sobrevivieron para contarlo.
Tal vez por eso escribir nunca sea un acto inocente. Es una forma de rescatar memorias, de desafiar el olvido y de devolverles una voz a quienes la historia apenas nombró.
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Omar Lares, ademÔs de Contador, es autor de ficción. VisitÔ https://www.omarlaresautor.com/