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Volver al origen

estudioomarlares
10 sept
2 min de lectura

Hace unos días volví a ver El origen, la película de Christopher Nolan. Cuando terminó, me quedé escuchando Time, de Hans Zimmer.


La música comienza casi imperceptiblemente. Unos pocos sonidos que se repiten. Después crece, se agregan, de a poco, texturas musicales que aumentan la intensidad hasta que aquello que parecía insignificante termina ocupándolo todo.


Pensé en las empresas, porque muchas veces sus problemas funcionan exactamente así.


Una empresa pierde dinero y buscamos el origen en el último balance. Pierde un cliente importante y pensamos que el problema fue el precio. Se rompe una sociedad y culpamos a la última discusión. Aparece una crisis financiera y suponemos que comenzó cuando faltó dinero en la cuenta bancaria.


Pero casi nunca es así. El desenlace tiene fecha. El origen, muchas veces, no.


Quizás aquella sociedad no se rompió el día de la discusión. Empezó a romperse años antes, cuando dos socios dejaron de hablarse con sinceridad.


Tal vez aquel cliente no se perdió cuando rechazó el último presupuesto. Se empezó a perder cuando dejamos de escucharlo.


Y probablemente la crisis financiera no comenzó cuando faltó dinero; empezó mucho antes, cuando confundimos tener una buena caja con tener un buen negocio, tener una buena facturación con rentabilidad, tener crecimiento con salud.


En El origen, una idea suficientemente profunda puede modificar todo lo que ocurre después.

En las empresas también. 


Una decisión, una costumbre, una concesión que parecía excepcional y terminó convirtiéndose en regla. Un “después lo vemos”. Un problema que nadie quiso plantear en una reunión. O algo simple como las pequeñas cosas, hasta que un día dejan de serlo.


Es muy posible que uno de los mayores peligros para una empresa sea justamente acostumbrarse a ciertas cosas: acostumbrarse a perder rentabilidad; a depender demasiado de una sola persona; a convivir con sectores ineficientes; a saber, cuánto gana en realidad; a financiar clientes o a postergar decisiones porque todavía se cree que no es necesario o que puede seguir de una manera que en una época le dio resultados. Hasta que un día ya no puede.


Entonces recurren y aparecen el contador, el abogado, el consultor o el especialista y porqué no, un manosanta o alguien que tire las cartas. O nos lea la carta natal. Todo vale. 


Para que después llegue la inevitable pregunta:  –¿Cómo llegamos hasta acá?

Obvio que hacerse ese cuestionamiento, es correcto. Pero para responder hay que viajar hacia atrás. No para buscar culpables. Para encontrar El Origen.


Después de haber trabajado tantos años con empresas aprendí que los números cuentan historias.


Un balance no es solamente una fotografía económica. Detrás de cada número hubo personas; hubo decisiones, con aciertos y errores; hubo miedos; existieron conversaciones que ocurrieron y otras que nunca sucedieron.


Por eso, cuando una empresa atraviesa una crisis, quizás la primera pregunta no debería ser: 

–¿Cómo llegamos hasta acá?

Antes habría que hacerse otra: 

–¿Dónde empezó esto?


Porque encontrar El Origen no cambia el pasado, pero puede cambiar lo que hagamos con el futuro.


Hans Zimmer comienza Time con unas pocas notas, después llega todo lo demás.

En las empresas sucede igual: a veces, para comprender el ruido del presente, hay que aprender a escuchar aquella primera nota.


***


Omar Lares, además de Contador, es autor de ficción. Visitá https://www.omarlaresautor.com/


 
 
 

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